OPINION

Autonomía de la banca central

Por Felix Santana.

Mucho se ha escrito sobre la importancia de mantener la banca central alejada de toda influencia política partidista ya que esta maneja la delicada política monetaria a los fines de honrar su función básica que es la de mantener la estabilidad de los precios en el mercado y así evitar un descontrol de la macroeconomía pues sin esta estabilidad el quehacer económico de los agentes económicos y público en general se haría totalmente caótico.

La banca central a través de las herramientas de mercado abierto, entiéndase: tasas de interés overnight, lombarda o tasas de política monetaria, emisión de títulos valores, intervención del mercado de divisas, encaje legal, hace posible que los precios se estabilicen a través de la cantidad de dinero que requiere  la economía en un momento determinado.

El tema vuelve al tape por el hecho de que recientes informaciones económicas y financieras dan cuenta de que durante el año 2018 ha habido en algunos países intentos muy feroces de gobiernos en interés de incursionar en la gestión de los bancos centrales con el propósito de manipular la política económica a favor de intereses políticos de las autoridades que gobiernan el aparato del Estado.

Intensiones de invadir un terreno tan delicado como el de hacer política económica es llevar a un país al desorden, al caos, a una inestabilidad económica sin precedentes.

Se sabe que los ejecutivos de una nación se envuelven a través de sus ministerios de hacienda a manejar los ingresos que provienen de: las recaudaciones de impuestos, aranceles, dinero de préstamos, donaciones, cobros a través de sus tesorerías e ingresos de capital y la aplicación dichos recursos en las distintas necesidades u operaciones de los países mediante el gasto público, correspondiendo todo lo anterior al ámbito de la política fiscal.

Pero esa es una parte de la economía y las finanzas de un país, esto así ya que el pilar correspondiente a controlar la cantidad de dinero en manos de los agentes económicos y público en general corresponde a la institución monetaria conocida como banca central o institución emisora a través de la aplicación de la política monetaria.

De manera que el hecho de hacer política pública fiscal o monetaria de forma unilateral, privilegiando solo uno de los pilares ya mencionados se estaría desequilibrando la economía de un país, es decir, favorecer por antojos o por un interés meramente político o personal se le estaría prestando un flaco servicio a la necesaria estabilidad de los precios que ha de manejar la banca central, cosa que sería difícil lograr si los ejecutivos de una nación intervienen directamente en el manejo tanto de la política fiscal o la monetaria.

Es por ello que tanto se insiste entre los entendidos en la materia que se preserve el logro como mucho esfuerzo la autonomía parcial o total que tanto le ha costado a la banca central.

Un hecho reciente de querer violentar la autonomía de la banca central fue la intención del gobernante norteamericano señor Donald Trump de querer influir en la Reserva Federal para que su presidente Jerome Powell no produjera un nuevo aumento de las tasas de interés conforme el comportamiento de la economía de los Estados Unidos de los últimos meses, la cual ha experimentado un repunte muy significativo pues la tasa de desempleo se ha colocado en penas un 4.4% y la inflación,  aumento sostenido de los precios, ha aumentado a casi su meta de inflación de este año 2.5% del PIB.

Situación anterior que obedece a un aumento de la demanda agregada en el plano interno fruto de que hay más personas que reciben dinero a través de sueldos y salarios las cuales presionan el mercado con mayor demanda lo que empuja los precios hacia arriba y para controlarlos o contrarrestarlos la Reserva Federal o Banco Central de los EE.UU. interviene periódicamente incrementando las tasas de interés y retirando circulante de los bonos que adquirió por efectos de la crisis financiera e hipotecaria de 2008 como parte de las herramientas de mercado abierto que maneja la banca central.

De forma tal,  se puede decir que en un país coexisten dos gobiernos uno que maneja la política fiscal y otro la monetaria, las cuales deben guardar íntima armonía a los fines de mantener la estabilidad macroeconómica de una nación.

El hecho de que un gobernante tenga intención de violentar la autonomía de la banca central llevaría a una nación a un desequilibrio total ya que son muchas variables económicas que deben tomarse en cuenta para que la economía no se paralice, pues recuérdese que la cantidad de dinero debe ser emitido por la banca central en función del tamaño de la economía.

Si hay un exceso de dinero se estimula la inflación y si hay poco entonces ésta se paralizaría, de manera que una intervención deliberada de las autoridades gubernamentales en el quehacer de la banca central sería una locura.

Como se advierte que no es fácil hacer política monetaria, imagínese que un gobernante quiera intervenir en los asuntos que solo compete a técnicos en la materia que se han tomado varios años en aprender o formarse en hacer este tipo de política, a través del estudio de la profesión de economía.

Muchas son las reacciones de políticas globales que hoy se respiran contra la autonomía de los bancos centrales. Eh ahí los casos de las autoridades gubernamentales de los EE.UU, de la India y el gobierno británico.

Si bien es cierto que la banca central no ha podido prever las crisis financieras que se han originados no menos cierto es que esta ha jugado un papel airoso en el control de las mismas a través de sus distintas herramientas que maneja en el marco de su política de mercado abierto.

Hoy se enarbolan cuatro modelos para el manejo de la banca central: cerrado como lo desea China, controlado como aspira la Unión Europea, comercial como lo desea Washington o la versión libre de Silicón Valley.

No solo hay amenazas de violentar la autonomía bancentraliana en los grandes países sino también en los mercados emergentes donde las instituciones a menudo son débiles y de las cuales es más probable que se escape el dinero.

Realmente hay riesgo de que la banca central pierda su independencia la cual alcanzó su mayor aceleración en el año 1990 al asumir totalmente la política monetaria de los países.

No es un secreto que la independencia o autonomía de la banca central le da poder a los incumbentes de estas instituciones lo que crea envidia entre los gobernantes de turno al ver cuán poderosos se han vuelto estas instituciones emisoras, lo cual ha provocado enfrentamientos en muchos países.

Esta disputa podría tener graves consecuencias lo cual daría al traste con la confianza que estas instituciones inspiran a los agentes económicos y público en general lo que podría reflejarse en sus calificaciones crediticias y en el costo posterior de los préstamos, conforme expresan reputados articulistas como lo son los señores Chris Giles y Sam Fleming.

Realmente hay muchas opiniones encontradas sobre la importancia o no de mantener la autonomía de la banca central aunque las que más fuerza tienen  son las de preservar la indicada autonomía la cual ha reportado muchos beneficios a la salud de la economía de los países.

Ojalá no haya un gran contagio de la corriente que ensalza eliminar la independencia bancentraliana al extremo de que esta llegue a la República Dominicana donde prevalece una institucionalidad débil y donde el poder ejecutivo tiene tanta influencia y centralización en sus ejecutorias que hasta para nombrar un simple conserje debe contar con la autorización del ejecutivo, de manera que todo lo que se movería en materia de economia y finanzas estaría sujeto al parecer de los intereses de las autoridades de turno.

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